Una reciente investigación a gran escala subraya la peligrosa correlación entre la temperatura de las infusiones y el desarrollo de tumores.
El hábito cotidiano de disfrutar de bebidas muy calientes, como el café o el té, podría entrañar un peligro oculto, comparable en magnitud a los riesgos asociados con el tabaquismo o el consumo excesivo de carne roja. Así lo destaca un informe reciente del Daily Mail, basado en un análisis de InoSMI, que pone de manifiesto una preocupante amenaza para la salud.
Un exhaustivo estudio, impulsado por el Instituto Nacional del Cáncer y publicado en el prestigioso British Journal of Cancer, ha revelado una sorprendente correlación: la ingesta diaria de entre seis y ocho tazas de café o té a temperaturas muy elevadas puede multiplicar por 5.6 el riesgo de desarrollar carcinoma de células escamosas del esófago.

Los científicos examinaron meticulosamente los datos de medio millón de participantes del Biobanco Británico, estableciendo una clara dependencia entre la temperatura de las bebidas ingeridas y la probabilidad de desarrollar cáncer. Incluso un consumo moderado (hasta cuatro tazas de bebidas consideradas «muy calientes») se asoció con un incremento del riesgo de 2.5 veces. Para quienes superaban las ocho tazas diarias, el riesgo se aproximaba a un alarmante aumento séxtuplo. Los investigadores han fijado los 65°C (149°F) como el umbral crítico, a partir del cual cualquier bebida se considera oficialmente «carcinógena para el ser humano».
La ironía reside en que las temperaturas ideales para la preparación de café (entre 90 y 96°C / 194-205°F) y té (entre 79 y 100°C / 174-212°F) superan significativamente este límite de seguridad. Esto genera una situación en la que millones de personas, de manera inconsciente, someten a diario el revestimiento de su esófago a un shock térmico. El gastroenterólogo Vincent Ho, de la Universidad de Western Sydney, explica que el daño se produce en un doble impacto: una agresión directa a las células que genera inflamación y sienta las bases para mutaciones genéticas. Además, la barrera protectora, ya debilitada por estas quemaduras térmicas, se vuelve aún más vulnerable a la acción de otros agentes carcinógenos conocidos, como el alcohol y el humo del tabaco.
A esto se suman las complejidades diagnósticas del cáncer de esófago. Frecuentemente, los síntomas solo se manifiestan en etapas avanzadas, momento en el que la tasa de supervivencia a cinco años rara vez supera el 5%. Signos comunes como la dificultad para tragar, la pérdida de peso inexplicable o una tos persistente suelen ser pasados por alto por los pacientes hasta que el tumor ya ha desarrollado metástasis. Incluso con los avances en las técnicas de diagnóstico, como el innovador citospón (una esponja diseñada para la recolección de células), la detección tardía sigue siendo un obstáculo crucial.
Sorprendentemente, la prevención es de una sencillez notable. Investigadores estadounidenses han determinado que la temperatura óptima para el consumo de bebidas calientes es de 57°C (135°F), un nivel que se alcanza fácilmente esperando tan solo unos cinco minutos después de la preparación. Esta pequeña pausa puede reducir drásticamente el riesgo oncológico, manteniendo al mismo tiempo las cualidades gustativas de la bebida. Los expertos hacen un llamado a reconsiderar la costumbre de consumir líquidos calientes de forma inmediata. Tomar sorbos pequeños y permitir que la bebida se enfríe conscientemente puede convertirse en la defensa más simple y efectiva contra una de las formas más letales de cáncer.
Las proyecciones para el año 2025 en el Reino Unido estiman más de 22,000 nuevos casos de cáncer de esófago y aproximadamente 16,000 fallecimientos relacionados. Lamentablemente, para el 75% de estos pacientes, el diagnóstico se realizará en una etapa donde las opciones de tratamiento efectivo ya no son viables. En este contexto, el simple gesto de esperar cinco minutos a que el café o el té se enfríen se transforma de un detalle menor en una estrategia vital para la supervivencia, subraya la publicación.








