Especialmente vulnerables son las personas mayores, los pacientes con obesidad y diabetes.
En la región de la capital, el calor no cede. Aunque las nubes, afortunadamente, lo alivian un poco, la sensación de bochorno es intensa estos días. Los médicos recuerdan constantemente que el calor es un estrés significativo para el sistema cardiovascular. Fiodor Evdokimov, Profesor Asociado del Departamento de Terapia de la Facultad del Instituto de Maternidad e Infancia de la Universidad Pirogov del Ministerio de Salud de Rusia, compartió consejos sobre las precauciones que deben tomar las personas con enfermedades cardíacas, hipertensión, obesidad y diabetes, y cómo protegerse en general durante la temporada de calor, incluso para personas sanas.

Foto: Lilia Sharlovskaya
Según el pronóstico de Alexander Shuvalov, jefe del centro de pronósticos «Meteo», la primera fase de alivio del calor llegará el sábado 2 de agosto debido a las tormentas. La segunda fase comenzará el martes, cuando la temperatura volverá a los valores normales para agosto: entre +19 y +24°C. Sin embargo, todavía queda todo el tercer mes de verano, y muchas personas aún tienen sus vacaciones por delante en países cálidos.
«El calor del verano es una prueba seria para el organismo, especialmente para las personas con enfermedades cardiovasculares», señala el Doctor en Ciencias Médicas, Fiodor Evdokimov. «Las altas temperaturas imponen una carga adicional al corazón y los vasos sanguíneos, provocando fluctuaciones de presión, taquicardia y aumentando el riesgo de complicaciones.»
¿Por qué la temporada de calor es especialmente peligrosa para los pacientes cardíacos?
Cuando hace calor, el cuerpo activa mecanismos de termorregulación: los vasos sanguíneos se dilatan, el ritmo cardíaco se acelera y la sudoración aumenta. Para una persona sana, esta es una reacción natural, pero en pacientes con hipertensión, enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, o aquellos que han sufrido un infarto o un derrame cerebral, estos cambios pueden empeorar su condición.
Uno de los principales peligros son los cambios bruscos de presión. Debido a la dilatación de los vasos, la presión arterial puede tanto disminuir, causando debilidad y mareos, como aumentar, provocando una crisis hipertensiva.
Otro riesgo grave es la deshidratación y el espesamiento de la sangre. Con la falta de líquidos, la sangre se vuelve más viscosa, lo que incrementa la probabilidad de trombosis. Además, las personas con enfermedades cardíacas a menudo tienen la termorregulación alterada, lo que les dificulta tolerar las altas temperaturas y los hace más propensos al sobrecalentamiento y al golpe de calor.
Un pulso acelerado, o taquicardia, impone una carga adicional al corazón y puede provocar un ataque de angina de pecho o una arritmia. Las personas mayores, los pacientes con obesidad, diabetes e insuficiencia renal crónica son especialmente vulnerables.
¿Cómo proteger el cuerpo del calor?
1. Control del microclima: Intente permanecer en un lugar fresco entre las 10:00 y las 17:00 horas, cuando el sol es más intenso. Si tiene aire acondicionado, úselo, pero evite cambios bruscos de temperatura: ¡la diferencia con el exterior no debe superar los 5-7 grados! Si no tiene aire acondicionado, cierre las ventanas con cortinas y ventile la habitación por la mañana y por la noche.
2. Ropa adecuada: Elija ropa de colores claros, holgada y hecha de telas naturales como algodón o lino. Asegúrese de usar un sombrero o gorra y gafas de sol con filtro UV. Evite la ropa ajustada que pueda oprimir el cuello y el pecho.
3. Régimen de hidratación: Beba entre 1,5 y 2 litros de agua al día, si no existen restricciones médicas. Lo mejor es agua pura, agua mineral sin gas, té verde sin azúcar o zumos de frutas naturales. El alcohol, el café y las bebidas azucaradas contribuyen a la deshidratación, por lo que deben evitarse. Si tiene tendencia a la hinchazón, reduzca el consumo de sal y consulte con su médico la cantidad de líquido permitida.
4. Alimentación ligera: Enfatice el consumo de verduras, frutas, pescado y productos lácteos fermentados. Las comidas grasas, fritas y ahumadas sobrecargan el corazón, por lo que su consumo debe reducirse. Incluya en su dieta alimentos ricos en potasio y magnesio (orejones, plátanos, trigo sarraceno, nueces), ya que ayudan a mantener un ritmo cardíaco normal.
5. Reducción de la actividad física: Evite trabajos extenuantes en el jardín o entrenamientos intensos durante las horas más calurosas. Si necesita salir, muévase lentamente y haga pausas a la sombra. El mejor momento para caminar es por la mañana antes de las 10:00 y por la tarde después de las 18:00.
6. Control de la presión y el pulso: Mida su presión arterial 2-3 veces al día, especialmente si se siente indispuesto. Controle su pulso: si supera los 90-100 latidos por minuto, descanse inmediatamente en un lugar fresco.
¿Cuándo llamar a la ambulancia?
Los siguientes síntomas requieren atención médica inmediata:
- Presión arterial superior a 180/100 o inferior a 90/60 mm Hg.
- Dolor de cabeza intenso, especialmente si va acompañado de confusión mental.
- Dolor opresivo en el pecho y dificultad para respirar, posibles signos de un ataque cardíaco.
- Alteraciones del ritmo cardíaco, pulso acelerado o irregular.
- Debilidad repentina y estado presincopal (sensación de desmayo).
- Ausencia de micción durante más de 6 horas (puede indicar deshidratación o problemas renales).
En resumen, el calor es una época peligrosa para personas con enfermedades cardíacas e hipertensión, pero seguir las precauciones ayudará a minimizar los riesgos. Lo principal es evitar el sobrecalentamiento, mantener el equilibrio hídrico, controlar la presión arterial y no esforzarse en exceso. Si padece enfermedades crónicas, consulte previamente con su médico sobre posibles ajustes en su terapia durante el verano.








