Los ultramaratonistas podrían tener una mayor predisposición a desarrollar formaciones precancerosas en el intestino grueso, pero los expertos instan a la calma.
Un estudio reciente, presentado por la Sociedad Americana de Oncología Clínica, ha puesto de manifiesto una posible conexión entre el ejercicio de ultra-resistencia y el desarrollo de formaciones precancerosas en el intestino de los corredores. Aunque la actividad física es ampliamente reconocida como un pilar fundamental para la salud y la prevención del cáncer, especialmente el cáncer de colon, estos nuevos hallazgos sugieren que el entrenamiento extremo podría generar un estrés particular en el organismo.

La investigación, que incluyó a 100 maratonistas y ultramaratonistas de entre 35 y 50 años, reveló que el 15% presentaba adenomas avanzados, es decir, formaciones precancerosas con potencial de malignidad. Además, el 41% de los participantes mostró al menos un adenoma. Estas cifras superan las expectativas para este grupo de edad, incluso después de excluir a individuos con predisposiciones genéticas conocidas o enfermedades intestinales.
Una de las teorías para explicar este fenómeno se vincula con la reducción temporal del flujo sanguíneo al intestino durante el ejercicio prolongado e intenso. Esto puede derivar en una condición conocida como «colitis del corredor», caracterizada por espasmos y sangrado ocasional. Se postula que los ciclos repetitivos de deficiencia de oxígeno, inflamación y reparación de tejidos podrían contribuir a la formación de adenomas. Sin embargo, es crucial señalar que el estudio no midió directamente el flujo sanguíneo ni los niveles de inflamación, y tampoco consideró otros factores como la hidratación, la dieta o el uso de antiinflamatorios.
El estudio enfatiza que sus conclusiones son preliminares y no establecen una relación causal directa entre el ejercicio extremo y el cáncer. La mayoría de los pacientes jóvenes con cáncer de colon no son atletas, y los beneficios de la actividad física moderada para la prevención del cáncer siguen siendo indiscutibles.
No obstante, los resultados de la investigación ofrecen implicaciones prácticas. Atletas y médicos deben prestar mayor atención a síntomas como la presencia de sangre en las heces, cambios en el patrón intestinal, dolor abdominal inexplicable o anemia por deficiencia de hierro. Estos signos no deben ser descartados como meras «peculiaridades del corredor», y su aparición justifica un examen médico adecuado. El estudio sirve como un recordatorio de la distinción entre el ejercicio moderado, beneficioso para la salud, y el deporte extremo, que podría conllevar riesgos específicos.








