Un científico ruso ha refutado las afirmaciones populares sobre una posible conexión entre el uso de paracetamol y el desarrollo del autismo. Sin embargo, enfatizó que este medicamento, ampliamente utilizado, aún debe manejarse con considerable precaución.

«No existen medicamentos que sean absolutamente seguros. Siempre hay posibles efectos secundarios, que pueden manifestarse con el tiempo. Lo fundamental es respetar la dosis terapéutica, la cantidad mínima en la que el fármaco produce el efecto deseado. Si no se excede esta dosis, casi cualquier medicamento puede considerarse condicionalmente seguro», explica Vadim Negrebetsky, jefe del Departamento de Química del IFMC y director del Instituto de Farmacia y Química Médica de la Universidad Pirogov.
El profesor Negrebetsky señala que la historia del paracetamol se remonta al siglo XIX, una época en la que los enfoques de los ensayos clínicos de medicamentos eran muy diferentes a los actuales. Por ello, muchos de sus efectos secundarios se conocieron años después, y otros se están descubriendo apenas ahora.
El paracetamol es un analgésico no opioide que, en comparación con otros AINE (antiinflamatorios no esteroides), presenta menor toxicidad y prácticamente no afecta al estómago. Al ser un medicamento de venta libre, muchas personas lo adquieren como una solución rápida para la fiebre o dolores de diversa índole (dolor de cabeza, muscular), a menudo evitando una visita al médico. Esta facilidad de acceso y auto-medicación a veces lleva a un uso descuidado del fármaco.
El predecesor del paracetamol fue la fenacetina, un medicamento que ahora está retirado del mercado debido a su alta toxicidad para el hígado y los riñones. Aunque el paracetamol es menos dañino, también puede afectar estos órganos si se excede la dosis diaria (aproximadamente 4 g). Una dosificación incorrecta, una administración inadecuada, el abuso o el uso prolongado sin consulta médica pueden tener consecuencias bastante graves para la salud.
Desmintiendo mitos sobre el autismo y el paracetamol
A pesar de las declaraciones, incluso del ex presidente Donald Trump, sobre una supuesta conexión entre el paracetamol y el desarrollo del autismo, no existen pruebas científicas que la confirmen. Las afirmaciones de Trump, basadas en el ejemplo de la comunidad Amish, que supuestamente ha renunciado a la medicina moderna y no padece autismo, no están respaldadas por datos precisos.
Vadim Negrebetsky enfatiza: «El autismo es un espectro de condiciones muy amplio, y asumir que una sola tableta de paracetamol es la causa de todo es, por lo menos, imprudente». Numerosas publicaciones científicas de varios países, incluyendo Suecia y Suiza, también indican la ausencia de una correlación directa.
Las hipótesis sobre un posible efecto del paracetamol en el desarrollo fetal durante el embarazo se basan en sus propiedades moleculares: es un compuesto de bajo peso molecular que atraviesa fácilmente la barrera placentaria. Las diferencias en su mecanismo de acción en comparación con otros AINE generan la suposición de una posible influencia. Sin embargo, como señala el experto, «todavía no hay suficientes datos experimentales reales que lo confirmen al 100%».
El especialista también indica que si una mujer embarazada toma paracetamol, es probable que se deba a una enfermedad, fiebre o infección. Es difícil determinar si los futuros problemas de autismo en el niño son causados por el paracetamol o por la enfermedad subyacente que se estaba tratando durante el embarazo. Se requieren investigaciones más exhaustivas. Además, es importante considerar no solo el principio activo, sino también los componentes auxiliares de las tabletas.
El autismo es un trastorno extremadamente complejo con múltiples teorías sobre su desarrollo, y no puede explicarse por un solo factor.
Alternativas al paracetamol y un enfoque sensato
«A menudo buscamos alternativas al paracetamol, pero a veces el propio paracetamol puede ser una alternativa», dice Vadim Negrebetsky. «Además de otros AINE disponibles en el mercado, existen otras opciones, pero sobre todo, la alternativa debería ser el sentido común».
El experto aconseja: si la temperatura es baja (36,7 o 36,8 grados Celsius), quizás no sea necesario tomar ningún medicamento químico. Se puede probar con té caliente o frambuesas con miel. Sin embargo, si la temperatura alcanza los 39 grados, se debe considerar la hospitalización y una consulta médica. El paracetamol solo alivia los síntomas, pero no trata la causa de la enfermedad ni la inflamación.
A diferencia del paracetamol, los AINE actúan sobre la inflamación y las causas de la enfermedad, pero son más tóxicos con el uso prolongado, lo que puede llevar a consecuencias indeseables como úlceras estomacales. Si los AINE se utilizan correctamente, bajo prescripción médica, después de las comidas y con medicamentos protectores gástricos, su uso es aceptable. Sin embargo, siempre hay que recordar que una fiebre alta no siempre es motivo para bajarla de inmediato. En tales situaciones, especialmente para mujeres embarazadas, es mejor consultar a un médico.
El aumento de la prevalencia de los trastornos del espectro autista en el mundo también puede explicarse por otras razones, incluidos los cambios en los enfoques diagnósticos. Lo que antes se atribuía a otras condiciones ahora se clasifica como TEA. Considerando las ventas masivas de paracetamol en todo el mundo, la afirmación de que es un desencadenante del autismo es incorrecta. Si así fuera, cada segunda persona en el planeta sería potencialmente autista, mientras que las estadísticas muestran solo un 1-2% de la población. Teniendo en cuenta el crecimiento demográfico, este porcentaje podría aumentar ligeramente. Por lo tanto, el experto reitera que la conexión entre el paracetamol y el autismo carece de pruebas fiables y sigue siendo un hecho científicamente no probado.








